Subscribe to Journal

June 18, 2017

8:55 PM

La apertura y empatía propias de la comunicación verdadera son cada vez más escasas

Francisco Miraval

Recientemente me invitaron a presenciar el inicio de un curso de inglés enfocado en inmigrantes recién llegados a Estados Unidos y con poco o ningún conocimiento del inglés. Y, debo confesar, la primera clase de ese curso me sorprendió… por lo disparatada.

Me gustaría tener tanta imaginación como para inventar una situación tan extraña, pero no la tengo. Por eso, sólo puedo relatar lo que sucedió. Y lo que sucedió es que la primera pregunta (en inglés) para aquellos que no aún no hablan inglés, fue ésta:

¿Cuáles son los tres principales obstáculos que le impiden o le han impedido aprender inglés? Por favor, sea lo más específico posible.

A ver si nos entendemos: las personas que se habían enrolado en esa clase estaban ahí precisamente porque no hablan inglés. En ese contexto, ¿qué sentido tiene que se les haga una pregunta en inglés y se les pida que respondan en inglés sobre las razones por las que aún no saben inglés?

Intrigado por esa situación, pregunté por qué se hacía tal pregunta, una pregunta que incluso hoy, cuando el inglés ha llegado a ser mi segundo idioma nativo, me resultaría difícil responder. Se me explicó, entonces, que se hacía esa pregunta “porque es lo primero que dice el libro de texto”.

Y la siguiente pregunta, que también exigía ser respondida en inglés, era: ¿Por qué quiere usted aprender inglés? ¿Dinero, educación, familia, trabajo, salud u otra razón? Por favor, elija las tres razones principales y explique su respuesta.

En mi mente, inexperta sin dudas en la enseñanza de idiomas, si alguien puede responder en inglés las razones por las que aún no domina ese idioma, esa persona seguramente no estaría en una clase para principiantes, como tampoco lo estaría alguien que pueda explicar en inglés sus tres principales motivaciones para estudiar ese idioma.

¿Soy yo el único que ve esa contradicción? ¿Tan difícil resulta verla?

Aún más preocupante es que la absurdidad de la situación se basa en “Porque así lo dice el libro”. Pero, ¿qué pasa con lo que dice la realidad, con lo que dicen las personas? ¿Cómo se le puede exigir a alguien que no sabe inglés que explique en inglés por qué no sabe inglés y no darse cuenta que esa exigencia poco hace para fomentar el diálogo y el aprendizaje?

¿Dónde queda la empatía hacia el otro, la apertura hacia la otra persona? Platón, en el Sofista, decía que enseñar es “crear y ser creado” (o formar y ser formado). ¿Cómo vamos a enseñar si nos negamos a ser transformados por el acto de enseñar? ¿Tan fácil es escudarse detrás de lo que dicen los libros? ¿Tan fácil es negarse a ver la realidad? Lamentablemente, parece que sí.

Me pregunto qué pasaría si los papeles se invirtiesen y la persona que presentó las dos preguntas a la clase de inglés tuviese que responder esas mismas preguntas en un idioma que esa persona desconoce. Quizá entonces sentiría un poco de empatía para sus actuales estudiantes. 

0 total comments.

There are no comments to this entry.