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Weekly commentaries on current issues. Commentaries are posted every Monday, in English and Spanish. Please, read our previous commentaries in the Archive section.
Francisco Miraval
A few days ago, an acquaintance left a message for me in the account I have in a well-known social networking site. The message included the question that we are using as the title for this column: What should we change to improve our education system?
My “friend” is mistaken in thinking that I have the experience or the knowledge to provide an answer remotely relevant, because education is a complex, always changing issue, surrounded by controversy and politics.
In other words, in spite of my almost 30 years of experience in educator, I do not possess the credentials to offer a good answer. However, my “friend” politely insisted in getting an answer, so I decided to gather some thoughts about this issue.
In brief, I believe that there is one change we can and should implement to improve all levels of education: we should stop thinking about education as a system to form new employees and consumers and begin seeing it as a system to educate a whole person, not only a future worker in the workforce.
The paradox is that at the same time that education in the United States and in other “advanced economies” (Japan, Europe) focuses on producing more and better employees, productivity (“output per person employed or hour worked”) is declining, according to a report published earlier this month by The Conference Board.
The same source says that productivity will decline even more this year, mainly in the “advanced regions” of the world.
Education usually focuses on two other areas: science and technology. The United States is still the global leader in those two areas; however, the margin of leadership is so slim that several Asian economies will soon surpass the United States, according to the National Science Board (NSB), part of the National Science Foundation (NSF).
In fact, China already surpassed Japan regarding investments in science and technology and it is now in second place in the world behind only the United States.
At the same time that all those changes are taking place, the U.S. federal budget for 2012 eliminates or drastically reduces the funds for history, civics, foreign languages, and economics, according to Education Week (January 11, 2012.) The budget cuts affect also the eligibility to receive federal grants to pay for college.
It is difficult to understand how it is possible to proclaim so openly that one of the requirements for graduation, both from high school and from college, is to be ready to enter the workforce, when at the same time budget cuts will prevent students from learning about history, languages, or economics. Those subjects will help any student to be better prepared to be part of the global economy.
Going back to the initial question, I would say - recognizing it is just a Utopia- that we need to see each student not as a future employee or consumer, but as a person. When that happens (if ever), we will prepare students not for a job, but for life.
Francisco Miraval
Por medio de un mensaje en una conocida red social en la que tengo mi cuenta, una persona allegada me hizo la pregunta que sirve de título para esta columna: ¿Qué cambio debería implementarse para mejorar el sistema educativo en este país?
La persona en cuestión, aunque muy amable, equivocadamente asume que tengo la experiencia o los conocimientos para ofrecer una respuesta remotamente significativa en el marco de un tema tan complejo, cambiante, polémico y politizado como la educación.
Dicho de otra manera, a pesar de mis casi 30 de experiencia como educador, no siento que cuento con las credenciales para ofrecer una respuesta adecuada. Pero la respetuosa insistencia de mi interlocutora me obligó a formular algunos pensamientos.
Creo, en definitiva, que el cambio que debería implementarse para mejorar la educación en todos sus niveles es del dejar de ver la educación como un sistema de formación de nuevos empleados y consumidores y comenzar a ver a la persona humana en su totalidad, no sólo en su capacidad de ser parte de una fuerza laboral.
La paradoja es que aunque la educación en Estados Unidos y en otras “economías avanzadas” (Japón, Europa) se enfoca en producir más y mejores empleados, la productividad laboral (resultados generados por cada empleado) sigue descendiendo, según un reporte publicado a principios de este mes por The Conference Board.
La misma fuente indica que la productividad descenderá aún más este año y que esa disminución afectará principalmente a las “regiones más avanzadas del mundo”.
Otras áreas en las que generalmente se enfoca la educación son la ciencia y la tecnología. Aunque Estados Unidos sigue siendo el líder global en esos campos, el margen de liderazgo es actualmente tan reducido que las economías de Asia podrían próximamente sobrepasar a Estados Unidos, según la Junta Nacional de Ciencia, dependiente de la Fundación Nacional de Ciencia (NSF).
De hecho, China ya superó a Japón en cuanto a inversiones en ciencia y tecnología, y ocupa ahora el segundo lugar en el mundo en esa categoría detrás de Estados Unidos.
A la vez que todo eso sucede, el presupuesto federal de Estados Unidos prácticamente elimina o severamente reduce los estudios de historia, civismo, idiomas extranjeros y economía, según informa Education Week (11 de enero del 2012). Los recortes también afectan la elegibilidad para subsidios federales para estudios universitarios.
Resulta difícil entender cómo es posible que a la vez que abiertamente se proclama que uno de los requisitos para graduarse de la escuela secundaria o de la universidad es que el estudiante esté preparado para entrar en la fuerza laboral, se impida que ese mismo estudiante aprenda temas como historia, idiomas o economía que realmente lo capacitarían para ser parte de una economía global.
Por eso, volviendo a la pregunta inicial, modestamente (y utópicamente) propongo que se comience a pensar en los estudiantes no como futuros empleados o consumidores, sino como personas. Cuando eso suceda (si es que alguna vez sucede), los prepararemos no para un trabajo, sino para la vida misma.