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May 29, 2017

8:50 PM

¿Lenguaje como expresión de locura o de humanidad?

Francisco Miraval

Ya desde el subtítulo de su libro titulado (en inglés) Serendipities, Umberto Eco sugiere una conexión entre “lenguaje y locura”, como si (digo yo, con mis disculpas a Eco) toda expresión del lenguaje humano fuese a la vez e inevitablemente una expresión de la locura humana.

La idea, obviamente, no es tan descabellada ya que en incontables ocasiones se les da un lugar de privilegio, o se les niega ese lugar, a aquellas palabras expresadas por quienes considerados “inspirados” o “poseídos” respectivamente, aunque la diferencia entre uno y el otro depende mayormente de la perspectiva de quien necesite tomar esa decisión.

Desde otro punto de vista, que claro que, aunque numerosos otros seres vivientes con quienes compartimos este planeta tienen sus propios lenguajes, el lenguaje humano parece ser distinto de todos esos otros lenguajes.

De hecho, hasta podría decirse que el lenguaje humano es, por así decirlo, antinatural, como lo sugieren varias de las historias, cuentos y leyendas de la antigüedad enfocados en demostrar que los primeros seres humanos necesitaron ayuda divina para poder hablar o para aprender a hablar y que inicialmente todo diálogo era exclusivamente un diálogo interno.

Sea como fuere, los seres humanos no sólo hemos creado, usado y hasta descartado y olvidado miles y miles de lenguajes e idiomas a lo largo de la historia, sino que hasta hemos creado otros lenguajes precisamente con el propósito de superar, mejorar y hasta anular nuestros respectivos lenguajes naturales.

Dicho de otra forma, si no lo podemos decir con palabras, quizá podamos decirlo con matemáticas. Por eso, asumimos que, si quisiéramos comunicarnos con inteligencias extraterrestres, tendríamos que hacerlo no en inglés o en español, sino por medio de fórmulas matemáticas, que equivaldrían a una especie de lenguaje universal.

Y allí, en esa suposición de que tarde o temprano podremos hablar y entender el lenguaje mismo del universo es donde, en mi opinión basada sólo en mi ignorancia, comienza a verse la conexión entre lenguaje y locura.

Esa conexión no se basa en el hecho de que podría parecer una “locura” hablar un lenguaje universal, sino en el hecho que, precisamente por no hablar ese idioma, todo lo que decimos y expresamos está limitado (“filtrado”) por nuestra capacidad de expresarnos usando un lenguaje situado dentro de una cierta cultura y una época histórica.

Eso significa que el lenguaje funciona como una especie de chaqueta de fuerza, forzando a la realidad a ajustarse nuestro lenguaje, por lo que, parafraseando a Wittgenstein, el lenguaje se transforma en el límite de nuestro mundo. Por eso, toda expresión del lenguaje podría considerarse como una distorsión de la realidad, aunque no necesariamente reconocida como tal.  Y vivir en una realidad distorsionada y no reconocerlo, autoengañarse al punto de creer que la ilusión autofabricada representa toda y la verdadera realidad es, literalmente, una locura.

Y en nuestro mundo individualista, narcisista y tecno-globalizado, esa locura autoimpuesta con cada expresión y sembrada y resembrada con cada palabra se agudiza y profundiza hasta transformarse en una locura irremediablemente colectiva. 

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