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November 26, 2017

11:19 PM

El miedo al futuro mismo ya resulta una realidad innegable

Francisco Miraval

El miedo al futuro es un tema del que ya se habla en múltiples ámbitos, desde publicaciones nacionales e internacionales, hasta declaraciones por parte de conocidos empresarios (Elon Musk), hasta conversaciones junto a una mesa y con una taza de café en la mano. Pero hablar de ese miedo y entenderlo son dos cosas muy distintas.

Ante todo, no se trata del tradicional miedo al futuro que consiste más bien en el temor de que el futuro no sea lo que deseamos que sea debido a alguna inesperada y mayormente irreversible situación, como la pérdida de empleo, o un accidente o una enfermedad.

Ese miedo tradicional al futuro es en realidad el miedo a que algo suceda y que, por no estar preparados para ese momento, ese “algo” hará que el futuro ya no se ajuste a nuestras expectativas y que, por eso, las circunstancias se vuelvan difíciles.

Pero en el nuevo miedo al futuro ya no hay un “algo” del que tenemos miedo. No es un miedo de que pase esto a aquello. Es un miedo enfocado en el futuro mismo, no en incertidumbre o en expectativas incumplidas.

Antes, daba miedo pensar en “qué pasaría si” nos faltase salud, dinero, recursos, o algo así. Ahora, da miedo pensar en el futuro incluso si todos esos elementos están a nuestra disposición. Y ya no es un miedo sobre nuestro futuro personal o familiar, sino un miedo global, existencial, que abarca a toda la humanidad en todo el planeta.

El miedo nos paraliza, o nos hace correr para alejarnos del peligro, o nos hace correr hacia el peligro. Pero en ningún momento aporta soluciones. Sin embargo, muchas de las cosas que hacemos las hacemos por miedo y basadas en el miedo, sea ese miedo explícito o no.

Por ejemplo, si nos olvidamos el teléfono, regresamos a buscarlo por miedo a que nos pase algo o que suceda algo y no nos enteremos por no tener el teléfono a nuestro lado. De hecho, nuestra sociedad es una sociedad basada en el miedo. Por eso tenemos alarmas y cámaras de seguridad y por eso destinamos más dinero a armas que a cualquier otro proyecto, incluyendo salud y educación.

Se podría decir que nosotros cultivamos el miedo. Pero el miedo al futuro es muy distinto al miedo a que haya un ataque terrorista o a que ocurra un terremoto o llegue un huracán. El miedo al futuro es saberse obsoleto ya en el presente y con pocas o ninguna posibilidad de ser parte de algo que se presenta simultáneamente como atractivo y aterrador.

Y entonces nos paralizamos y creemos que perpetuando el presente o repitiendo el pasado podremos evitar el problema. Pero no es así. Cerrar los ojos a la realidad no hace que esa realidad desaparezca.

¿Qué podemos y debemos hacer para superar nuestro miedo existencial al inminente futuro transhumano? Quizá podamos y debamos fervientemente abrazar la desesperanza de ser sólo humanos, demasiado humanos (para combinar a Nietzsche con Miguel De La Torre). 

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